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En los últimos años, lo que se ha venido a llamar «agricultura ecológica» se ha afianzado en España. En 1991, el Consejo Regulador de la Agricultura Ecológica tenía inscritas 346 fincas de este tipo que sumaban una superficie total de 4.235 hectáreas. Diez años después, son 15.607 los productores ecológicos que ocupan 485.079 hectáreas, el 2% de la tierra agraria útil de nuestro país La «bioagricultura» está de moda La protección del medio ambiente y la seguridad alimentaría han hecho que en los últimos diez años la llamada «agricultura ecológica» se haya hecho con un hueco importante entre las preferencias de los agricultores ganaderos europeos. Pero no sólo ellos se decantan por productos y métodos «bio». Concretamente, en España, los consumidores llegaron a gastarse productos biológicos, a lo largo del año pasado, cerca de 73 millones de euros, esto es, un 0,12% del gasto total en alimentación, según datos de «El campo hoy». Y ¿por qué precisamente ahora el auge la agricultura y ganadería ecológica? La proliferación de problemas de la índole de las vacas locas o la manipulación genética e irradiación de los alimentos ha generado una honda preocupación por las cuestiones relacionadas con la seguridad alimentaría. Al actual desarrollo de la también llamada «agricultura biológica» ha contribuido además la toma de conciencia por parte de los consumidores de las cuestiones relacionadas con la seguridad alimentaria y los problemas medioamentales. Según estimaciones de la Comisión Europea, aunque en 2000 sólo representaba el 3 % del total de la superficie agraria útil de la UE, la agricultura biológica se ha convertido en uno de los sectores agrarios más dinámicos dentro de la UE. Entre 1993 y 1998, dicho sector creció anualmente alrededor de un 25% y se estima que, desde 1998, su crecimiento se ha cifrado en un 30% anual. Respeto al medio ambiente Pero ¿qué diferencia exactamente a la agricultura ecológica de otros sistemas de producción agrícola? Por un lado, favorece el empleo de recursos renovables y el reciclado en la medida en que restituye al suelo los nutrientes presentes en los productos residuales. Y por otro, aplicada a la cría de animales, regula la producción de carne y de aves de corral prestando particular atención al bienestar de los animales y a la utilización de piensos naturales. La producción ecológica evita la utilización de plaguicidas, herbicidas, abonos químicos, hormonas de crecimiento y antibióticos, así como la manipulación genética. Como alternativa, los productos «ecológicos», a través de técnicas innovadoras aplicadas a la maquinaria, contribuyen a mantener los ecosistemas y a reducir la contaminación. En el pasado, el hecho de que los alimentos ecológicos fueran más caros que los convencionales, se considero un freno a la expansión de este tipo de agricultura. Sin embargo, en la actualidad, es cada vez mayor el número de consumidores dispuestos a pagar más a cambio de mayores garantías de seguridad alimentaria y de calidad. En 1991, año en el que comenzó a funcionar el Consejo Regulador de la Agricultura Ecológica, había inscritas en España 346 fincas, que sumaban una superficie de 4.235 hectáreas. A cierre de 2001, había inscritos 15.607 productores ecológicos, que se corresponden con una superficie total de 485.079 hectáreas, un 2% de la tierra agraria útil de nuestro país, según datos de este organismo. Principalmente destinada al cultivo del olivo, cereales, leguminosas y frutos secos. En lo que se refiere al ganado, en España existen 1.327 explotaciones ganaderas, sobre todo vacuno y ovino, de las que la mitad se encuentran en Extremadura. A pesar de estos buenísimos registros, España está aún lejos de otros países comunitarios en lo que a consumo se refiere, aunque no en áreas de cultivo. Actualmente, nuestro país ocupa el cuarto país en Europa por superficie de agricultura ecológica, con esas algo más de 485.000 hectáreas, por detrás de Italia con un millón de hectáreas, Alemania, con unas 800.000, y Reino Unido con cerca de 500.000. Ventajas La agricultura ecológica produce alimentos saludables, ricos en nutrientes, ya que están libres de residuos químicos. Además, es más económica y respeta el medio ambiente ya que emplea métodos preventivos (rotación de cultivos, retraso de siembra ) o naturales, como la utilización de insecticidas no nocivos. No despilfarra energía e impulsa la creación de puestos de trabajo en el medio rural. Subvenciones Acorde con la PAC. La agricultura ecológica tiene a su favor que cumple con la línea política que seguirá la Política Agraria Común (PAC) los próximos años. Aquellos que se comprometan a cultivar la tierra bajo las condiciones ecológicas pertinentes durante cinco años, dispondrán de subvenciones. Pasado dicho periodo, al ser un tipo de actividad más económica, pasarán a depender de sí mismos exclusivamente. La liberalización de términos, a debate La reglamentación de la Unión Europea para la agricultura ecológica reconoce que los términos «bio», «biológico», «orgánico» y «eco» se refieren a productos obtenidos por la práctica de la agricultura o ganadería ecológica que no usa productos químicos de síntesis o fitosanitarios en sus cultivos. Sin embargo, el uso de este tipo de términos en España es bien distinto. El Ministerio de Agricultura modificó el Real Decreto de 1993 para liberalizar estos términos. De hecho, en mayo de 2001 aprobó el cambio que permitía la utilización de estas denominaciones para todo tipo de productos sean o no originarios de cultivo ecológico o biológico. Tan sólo un mes después, la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) interpuso un recurso ante el Tribunal Supremo por considerar que el nuevo real decreto que regula este uso vulnera el derecho comunitario. En este sentido, esta misma semana, la Comisión Europea ha dado la razón a COAG, y ha decidido llevar al Estado español ante el Tribunal Europeo de Justicia. Hasta ahora, y a pesar de que las denominaciones «biológico», «ecológico» y «orgánico» están protegidas por el reglamento CEE 2092/91, numerosas marcas de la gran industria alimentaria han venido colocando en el mercado productos bajo la mención «bio» que nada tienen que ver con la calidad que implica la denominación oficial. Fuente: Economía ABC 8/12/2002; Texto: María Jesús Pérez
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